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Conoce los efectos de la tecnología en la salud mental

¿El tiempo que se pasa utilizando la tecnología digital y los medios sociales tiene un efecto adverso sobre la salud mental, especialmente la de los adolescentes? Aquí, dos científicos discuten la cuestión, y cómo los dispositivos digitales podrían ser utilizados para mejorar el bienestar

Problemas mentales por la tecnología

Se observó un aumento repentino de las tasas de depresión, ansiedad y autolesiones en los adolescentes -en particular las niñas- en los Estados Unidos y el Reino Unido alrededor de 2012 ó 2013. Sólo un sospechoso estaba en el lugar y el momento adecuados para explicar este cambio repentino: los medios de comunicación social.

Su uso por parte de los adolescentes aumentó con mayor rapidez entre 2009 y 2011, momento en el que dos tercios de los jóvenes de 15 a 17 años de edad la utilizaban diariamente. Algunos investigadores defienden los medios sociales, argumentando que sólo hay pruebas circunstanciales de su papel en los problemas de salud mental. Y, de hecho, varios estudios muestran que sólo hay una pequeña correlación entre el tiempo que se pasa en las pantallas y los malos resultados vinculados con la influencia de la tecnología en la salud mental.

Primero, los trabajos que informan de efectos pequeños o nulos se centran normalmente en el “tiempo en pantalla”, pero no son las películas o las videoconferencias con los amigos las que dañan la salud mental. Cuando los trabajos de investigación nos permiten acercarnos a los medios sociales, en lugar de mirar el tiempo de pantalla en su conjunto, las correlaciones con la depresión son mayores, y lo son aún más cuando miramos específicamente a las chicas.

La diferencia de sexo es robusta, y hay varias causas probables para ello. Las chicas usan los medios sociales mucho más que los chicos (quienes, a su vez, pasan más tiempo jugando). Y, para las chicas más que para los chicos, la vida social y el estatus tienden a girar en torno a la intimidad y la inclusión frente a la exclusión, lo que las hace más vulnerables tanto al “miedo a perderse” como a la agresión relacional que facilitan los medios sociales.

En segundo lugar, aunque los estudios correlacionales sólo pueden proporcionar pruebas circunstanciales, la mayoría de los experimentos publicados en los últimos años han encontrado pruebas de causalidad. En esos estudios, se asignan personas al azar a grupos a los que se pide que sigan utilizando los medios sociales o que reduzcan sustancialmente su uso. Después de algunas semanas, las personas que reducen su uso generalmente reportan una mejora en el estado de ánimo o una reducción en la soledad o en los síntomas de depresión.

El mejor camino a seguir

En tercer lugar, muchos investigadores parecen estar pensando en los medios sociales como si fuera azúcar: seguros en cantidades pequeñas o moderadas, y perjudiciales sólo si los adolescentes consumen grandes cantidades. Pero, a diferencia del azúcar, los medios sociales no actúan sólo sobre los que lo consumen. Han transformado radicalmente la naturaleza de las relaciones con los compañeros, las relaciones familiares y las actividades diarias.

Cuando la mayoría de los niños de 11 años de una clase están en Instagram puede haber efectos generalizados en todos. Los niños que optan por no participar pueden encontrarse aislados. Un simple modelo de dosis-respuesta no puede captar todos los efectos de los medios sociales, sin embargo, casi todo el debate entre los investigadores hasta ahora ha sido sobre el tamaño del efecto de la dosis-respuesta.

Por citar sólo un hallazgo sugerente de lo que hay más allá de ese modelo: los efectos de red para la depresión y la ansiedad son grandes, y la mala salud mental se propaga de manera más contagiosa entre las mujeres que entre los hombres.

En conclusión, los medios digitales en general tienen indudablemente muchos usos beneficiosos, incluido el tratamiento de las enfermedades mentales. Pero si te centras en los medios sociales, encontrarás más pruebas de daño y menos pruebas exculpatorias, especialmente para sus millones de usuarios menores de edad.

Tecnología utilizada en la salud mental

Es atractivo condenar de plano los medios de comunicación social sobre la base de las pruebas -generalmente de mala calidad e incoherentes- que sugieren que su uso está asociado con problemas de salud mental. Pero centrarse únicamente en sus posibles efectos nocivos es comparable a proponer que la única pregunta que hay que hacerse sobre los coches es si la gente puede morir conduciéndolos.

Los efectos nocivos pueden ser reales, pero no cuentan la historia completa. La tarea de la investigación debería consistir en comprender qué patrones de uso de los dispositivos digitales y los medios sociales pueden conducir a efectos beneficiosos frente a los perjudiciales, y en fundamentar los enfoques basados en pruebas para la política, la educación y la reglamentación.

Los problemas de larga data han obstaculizado nuestros esfuerzos por mejorar el acceso y la calidad de los servicios y el apoyo de la salud mental. La tecnología digital tiene el potencial de abordar algunos de estos desafíos. Por ejemplo, consideremos los desafíos asociados a la recopilación de datos sobre el comportamiento humano.

La evaluación en la atención e investigación de la salud mental se basa casi exclusivamente en la autoinformación, pero los datos resultantes son subjetivos y difíciles de recopilar. En consecuencia, las evaluaciones se realizan con tan poca frecuencia que no permiten comprender la dinámica temporal de los síntomas, que puede ser crucial tanto para el diagnóstico como para la planificación del tratamiento.

Beneficios de la tecnología en la salud mental

En cambio, los teléfonos móviles y otros dispositivos conectados a Internet brindan la oportunidad de reunir continuamente información objetiva sobre el comportamiento en el contexto de la vida real de las personas, lo que genera un rico conjunto de datos que puede permitir conocer el alcance y el momento de las necesidades de salud mental de las personas.

Al construir aplicaciones que pueden rastrear nuestro escape digital (los datos generados por nuestra vida digital cotidiana, incluido nuestro uso de los medios sociales), podemos obtener información sobre aspectos del comportamiento que son elementos básicos bien establecidos de la salud y la enfermedad mental, como el estado de ánimo, la comunicación social, el sueño y la actividad física, de esta forma podría determinarse cómo ayuda la tecnología a la salud mental.

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