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Causas y síntomas del ictus o accidente cerebrovascular isquémico

El accidente cerebrovascular puede ser el resultado de un coágulo de sangre que se forma en una arteria cerebral o en cualquier otra arteria y que luego viaja al cerebro. Un trombo (coágulo sanguíneo estacionario) también puede formarse en vasos más pequeños, lo que conduce a mini-apoplejías

Las arritmias cardíacas (en particular la fibrilación auricular), la cardiomiopatía dilatada o las anomalías de las válvulas cardíacas pueden producir coágulos de sangre dentro del corazón. El coágulo de sangre puede viajar a través de las arterias hasta el cerebro; una vez allí, puede bloquear una arteria y causar un accidente cerebrovascular.

Los ictus de este tipo tienden a ser extensos, ya que los coágulos de sangre que se originan en el corazón pueden ser muy grandes. La ruptura de la pared arterial produce una coagulación dentro de la arteria que puede bloquear la circulación y causar un accidente cerebrovascular. La ruptura suele ser debida a un traumatismo, pero también puede ocurrir espontáneamente.

Aunque la mayoría de los accidentes cerebrovasculares isquémicos son causados por una arteria bloqueada, también se pueden formar coágulos de sangre en las venas del cerebro. Cualquier cosa que bloquee el retorno de la sangre desde el cerebro puede conducir a la congestión venosa y dificultar el drenaje de la zona.

En ocasiones, esto puede provocar la rotura de un vaso sanguíneo y una hemorragia cerebral. En algunos casos, incluso después de un examen completo, no se puede identificar la causa subyacente de la apoplejía. Estos se clasifican como accidentes cerebrovasculares o ictus de origen desconocido.

Ictus y colesterol

Los niveles elevados de colesterol (hipercolesterolemia) son uno de los factores que contribuyen a la arteriosclerosis, una enfermedad arterial crónica que aumenta las posibilidades de que se forme un coágulo de sangre en una arteria, incluidas las que suministran sangre al cerebro.

Algunos accidentes cerebrovasculares pueden estar directamente relacionados con un trombo (coágulo de sangre) de la pared arterial causado por la acumulación de placa de arteriosclerosis. En tales casos es vital controlar todos los factores que pueden acelerar la arteriosclerosis, incluidos los niveles de colesterol. Los medicamentos conocidos como estatinas se suelen recetar después de los ictus asociados a la arteriosclerosis porque se sabe que reducen el riesgo de recurrencia.

Estos medicamentos no sólo controlan los niveles de colesterol sino que también producen efectos antiinflamatorios y neuroprotectores que podrían explicar algunos de sus beneficios derivados. En cualquier caso, es importante recordar que un estilo de vida saludable que incluya una buena dieta y ejercicio físico ayuda a controlar los niveles de colesterol y que los medicamentos sólo se utilizan como complemento de estas medidas.

Estenosis carotídea

La arteriosclerosis de las arterias carótidas, que llevan la sangre del corazón y la aorta (la principal arteria que sale del corazón) a las arterias cerebrales, es una de las causas principales de los accidentes cerebrovasculares.

A los pacientes que tienen una estenosis significativa o una obstrucción (típicamente más del 70%) se les suele recomendar una intervención para tratar la estenosis y así reducir el riesgo de que cause un ictus. Esta intervención puede realizarse mediante una técnica quirúrgica llamada endarterectomía o mediante una intervención endovascular que dilata la estenosis e inserta un stent (una malla metálica cilíndrica).

La estenosis carotídea se identifica a menudo en pacientes que no han sufrido un derrame cerebral, por ejemplo durante un ultrasonido previo a una cirugía cardíaca o un examen médico de rutina. Hace varios años muchas de estas personas con estenosis carotídea se habrían sometido a una intervención, pero estudios más recientes han demostrado que el riesgo de accidente cerebrovascular es mucho menor cuando se sigue el tratamiento actual de la arteriosclerosis (agentes antiplaquetarios, estatinas, dieta apropiada, ejercicio físico) que en los pacientes que ya han sufrido un accidente cerebrovascular, por lo que ahora las intervenciones no suelen estar indicadas en esos casos.

Otras causas del accidente cerebrovascular o la hemorragia cerebral

Presión arterial alta

La hipertensión arterial (mayor de 14/9) es una enfermedad arterial crónica que no sólo conduce a la obstrucción arterial sino también a la ruptura y, por lo tanto, puede causar hemorragias cerebrales. Estas hemorragias tienden a ocurrir en regiones profundas del cerebro.

Causas degenerativas

La angiografía amiloide cerebral (AAC) se refiere a un proceso en el que una sustancia llamada amiloide se deposita en las arterias. Se observa más comúnmente en los pacientes de edad avanzada y causa deterioro cognitivo y hemorragia en áreas cercanas a la superficie del cerebro.

Cerebro con malformaciones

Aunque menos frecuentes, las hemorragias intracraneales pueden ser causadas por la ruptura de vasos sanguíneos anormales.

Aneurismas cerebrales

Los aneurismas cerebrales se producen cuando las arterias cerebrales con paredes débiles se dilatan. Generalmente no producen ningún síntoma pero si se rompen pueden causar una hemorragia subaracnoidea, es decir, una hemorragia intensa dentro del cerebro que tiene una alta tasa de mortalidad y que a menudo produce secuelas graves debido al daño cerebral. Ante una hemorragia subaracnoidea, el aneurisma debe ser reparado mediante una intervención endovascular o mediante cirugía para asegurar que el aneurisma no vuelva a sangrar.

Sin embargo, los aneurismas cerebrales se detectan cada vez más por casualidad durante las tomografías o resonancias magnéticas cerebrales realizadas por otros motivos. En esos casos, los aneurismas deben tratarse para prevenir la hemorragia subaracnoidea siempre que el riesgo de hemorragia sea mayor que el que supone la intervención en el aneurisma. El factor más importante para determinar el posible riesgo de ruptura de un aneurisma es su tamaño; los de más de 7 mm presentan un riesgo considerablemente mayor.

Otros factores determinantes son el riesgo asociado a la ubicación del aneurisma (los situados en las arterias hacia la parte posterior del cerebro tienen más probabilidades de reventar), el sexo del paciente (el riesgo es mayor en las mujeres) y la edad (aunque el riesgo aumenta con la edad, los jóvenes tienen un mayor riesgo acumulado de ruptura que se produce a lo largo de su vida).

Independientemente de que el aneurisma se trate o no, deben controlarse los factores que pueden provocar una ruptura, siendo los riesgos más importantes la hipertensión arterial y el consumo de tabaco.

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